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.: Electroshock para gente ordenada :.

El fin de semana, lo compartí con mi amiga Cony, y bueno, en una de esas horas de ocio, en que buscábamos algo que hacer (realmente con mucho sueño XD) ella me mostró una página (:

La página pertenece a Audrey Kawasaki, una artista japonesa, y contiene sus obras de arte.

Realmente me impactó su forma de pintar, sin olvidar mencionar lo impresionante que son sus obras.

Entrando en mas detalles, Audrey, pinta generalmente mujeres y pues, realmente sus obras salen de los parámetros ficticios, siendo los ojos y boca de sus obras los que impactan en demasía al público.

Otro detalle, mas bien importante, es que ella realiza sus obras no en papel, sino nada mas y nada menos que en trozos de madera (cortados y lijados minuciosamente por ella misma) como también en tablas de surf, skates, tazas, pianos, y un sinnúmero de objetos, la mayoría a disposición del público en una galería de artes, dándole un aspecto mas particular y original que los típicos lienzos y óleos.

Belleza, sensualidad, melancolía, ternura, erotismo, y en especial un misterio inquietante, son algunas de las pocas sensaciones, que provocan sus pinturas.

Bueno, y para qué mas detalles, si puedes observarlo por ti mismo y juzgarlos en su journal.

Finalizaré esta entrada, mostrando algunas de las obras de Audrey, que me fascinaron. Simplemente impresionante.

Birthday Kiss

Lure

Touch me

Horsegirl

Midori


Y por supuesto, como vamos a olvidar a la artista? Audrey Kawasaki!





.: Continuidad de los Robles :.


Había empezado a leer una novela unos días antes. La abandonó por negocios urgente, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde después de escribir una carta a un pariente lejano y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espalda a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzos los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi enseguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que mas allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra tras palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro de la cabaña del monte. Primero entraba una mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimado en al cara por el roce de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero el rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por el mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora, cada instante tenía un empleo minuciosamente distribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta, el se volvió un instante para verla recorrer con su pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debía ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

.: Jueves 4.30 am :.


Romarey grita, y Layla corre. Romarey murmura y perturba a Layla de un modo macabro. Layla le implora que se calle. Sin embargo, Romarey solo la mira intentado quemar sus ojos. Me enredé en la persecución. Romarey gritó aún mas fuerte y entonces Layla sacó una pistola y le disparó en el hombro. Ahora Romarey descansa en la camilla. Layla observa impertérrita y yo solo duermo. Nos diagnosticaron personalidad múltiple.

.: Vida de Pánico :.


Cómoda.

Feliz.

Mas productiva.

Confortable.

No beber demasiado.

Hacer ejercicio regularmente en el gimnasio

(Tres días a la semana).

Desenvolverse mejor con sus empleados asociados contemporáneos.

Tranquila.

Comer bien.

(No mas microondas y grasa saturadas).

Un conductor paciente mejor.

Un auto seguro.

(Bebe sonriendo en el asiento trasero).

Dormir bien.

(Sin pesadillas).

Sin paranoia.

Ser cuidadosa con los animales.

(Nunca aplastar arañas con el zapato).

Mantenerse en contacto con viejas amigas.

(Disfrutar una copa ahora y después).

Checar frecuentemente el crédito moral.

(Un hueco en la pared).

Favores por favores.

Afectuosa pero no enamorada.

Órdenes caritativas regulares.

En domingos ir a supermercado.

(No matar moscas, o poner en agua hirviendo a hormigas).

Lavar auto.

También los domingos.

No prolongar el miedo a la oscuridad o a las sombras de mediodía.

No ser ridículamente adolescente y desesperada.

Nada de infantilismos.

(Un mejor balance).

Lenta y mas calculadora.

Sin oportunidad de escape.

Ahora auto-empleadora.

Preocupada.

(Pero poderosa).

(Pragmatismo pero no idealismo).

No llorar en público.

Poca oportunidad de enfermarse.

Neumáticos sosteniéndose en la humedad.

(Disparará al bebe atorado en el asiento trasero).

Una buena memoria.

Llorar aún en un buen filme.

Besar aún con la lengua.

No prolongar vacíos y euforias como un gato atado a una barra

Que lo conduce a un invierno de mierda congelada.

(La habilidad de llorar en al debilidad).

Calmada.

Cómoda.

Saludable.

Mas productiva:

Una cerda en una jaula con antibióticos.

.: Palabras, palabras, palabras... :.


Escribir sobre al realidad es un acto imposible. Es exactamente igual que si quisiéramos vernos durmiendo. Parece ser que existen ciertos estados de alucinación producidos por la droga o el éxtasis místico en los que se conseguiría éste desdoblamiento, pero... ¿quién tiene un lápiz a manos en esos momentos?

Es mas sensato aceptar que no escribimos sobre la realidad, sino sobre el reflejo de la realidad en nuestro ombligo.